Breogan

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martes, 10 de noviembre de 2009

MUSICA CELTA: DAN AR BRAZ EL BARDO DE LAS SEIS CUERDAS


Ha cosechado una gran éxito en Europa, América y Australia con su música, inspirada en el sonido de Bretaña, música celta y New Age.
Su carrera comenzó en la década de
1960, su fama la consiguio tocando con el mitico Alan stivell, y formó parte de varias formaciones combinado con trabajos en solitario con mucho éxito en las dos décadas posteriores. En 1993 funda "L'Héritage des Celtes", formado por unos 75 músicos, debutando en el gran Festival de Cornouaille de Quimper, en un show donde se fusionó la música tradicional y sonidos modernos. Grabaron un disco con el que vendieron 100,000 copias. En 1996 representan a Francia en el Festival de la Canción de Eurovisión en Oslo. Llevaron el tema Diwanit bugale en bretón (caso único en la historia del festival), una gran composición de claro sonido celta. La versión para el directo de Eurovisión tuvo que acortar un sólo de gaita por exceder el tiempo permitido. En 1998 ganaron el premio al Mejor Album Tradicioanl del Año en los premios "Victories de la Musique" por "Finisterres". El grupo se disolvió en 2000 tras el Festival Intercéltico de Lorient. Dan Ar Braz continuó su carrera en solitarioStations (1974)
Irish Reels, Jigs, Airs & Hornpipes (1975)
Douar Nevez (1977)
Allez dire à la ville (1978)
The Earth's Lament (1979)
Acoustic (1981)
Music For the Silences To Come (1985)
Septembre Bleu (1988)
Songs (1990)
Frontiers de sel/Borders Of Salt (1991)
Les Iles de la memoire: Compilation (1992)
Rêve de Siam (OST) - (1992)
Xavier Grall chante par Dan Ar Bras - (1992)
Theme For The Green Lands - (1994)
Kindred Spirit - (1995)
L'Heritages des Celtes -(1995)
L'Heritages des Celtes - Live (1997)
L'Heritages des Celtes - Finisterres (1997)
L'Essential en 3 CD (1998)
Septembre Bleu (2000)
L'Heritages des Celtes - Zenith (2001)
La Memoire Des Volets Blancs (2001)
Made in Breizh (2002)
Celtiques (2003)
A Toi Et Ceux (2004)
Frontières de sel (2006) DVD&CD
Les Perches du Nil (2007

HISTORIA CELTA: LOS FIANNA


Los fianna era bandas de guerreros libres que recorrían IRLANDA a principios de la era cristiana, la banda mas importante era la del mítico héroe Finn Mac cumhaill. Estas bandas Vivian fuera de la sociedad tribal , su ocupación era vagar libremente contacto con la naturaleza cazando, combatiendo y saqueando manteniendo siempre su independencia, el acceso a los fianna consistía en defenderse con un escudo y una vara de avellano de nueve guerreros armados , si el aspirante resultaba herido era rechazado, otra prueba era huir por el bosque perseguidos por guerreros, si era capturados o detectados eran rechazados, otras pruebas consistían en saltar obstáculos a gran altura y agacharse a distancias mínimas. Una vez integrados debían cumplir ciertas normas, respeto a las mujeres y desprecio al dinero y la muerte. Los fianna debían obediencia al rey supremo de irlanda y rechazar cualquier invasión, también combatían contra los bandoleros. A partir del siglo III de nuestra era su prestigio decayó. , en la península ibérica podía haber ciertos tipos de cofradías similares entre galaicos y lusitanos

viernes, 23 de octubre de 2009

HEROES CELTAS: VIRIATO



Cuando España aún no era España -ni Portugal, Portugal-, Viriato ya era Viriato. Siglo y medio antes del nacimiento de Cristo, mientras romanos y cartagineses remataban su pugna por el dominio del Mediterráneo, incluyendo a Hispania de forma muy especial, Viriato llegó a dominar militarmente casi toda la Península, desde el valle del Guadalquivir al valle del Ebro. En aquel mosaico de tribus en retirada y entre los dos grandes imperios de la época, el genio militar del último gran jefe de la tribu de los lusitanos consiguió un poder indígena como seguramente no existió antes y no volvió a existir después. Viriato, como Indíbil y Mandonio, es un símbolo de la Iberia que los cronistas romanos retratan en su crepúsculo, mientras la civilización grecolatina, a sangre y fuego, entraba lentamente en la Península.La novelería romántica ha hecho que Viriato, enemigo de Roma, figure en nuestro panteón imaginario con más méritos que Sertorio, Pompeyo o Julio César. Cuando antaño se enseñaba Historia en píldoras mitológicas, Viriato era «un pastor lusitano». Pero aun en el caso de que alguna vez cuidara ovejas o cabras, fue bastante más que pastor (con ser nobilísima esta profesión) y no un lusitano cualquiera. Cuando el historiador Apiano de Alejandría, en su libro sobre Iberia -VI de su Historia Romana-, cita por primera vez a Viriato, dice: «Aniquiló a numerosos romanos y dio muestra de grandes hazañas».En realidad, Viriato tuvo en jaque durante varios años a las legiones, les infligió media docena de derrotas humillantes, recorrió, revolvió y casi dominó las dos Hispanias, la ulterior y la Citerior, mató a miles de soldados romanos o aliados y murió de confianza, veneno anterior al de la traición. Puede decirse también que murió por pactar, pero eso no lo acredita como centrista póstumo. Hay sabios que lo consideran sólo un aspirante a reyezuelo cuya ambición tropezó con la implacable Roma, hecho que celebran.Lo que seguramente ha cautivado la imaginación de las sucesivas generaciones de lectores más o menos celtíberos es su soberbia aparición en los libros de Historia, digna de Don Juan en la Hostería del Laurel. Cuenta Diodoro de Sicilia que un hombre rico llamado Astipas concedió la mano de su hija a un tal Viriato y organizó el ya entonces forzoso banquete nupcial.Pero el novio no apreció la vajilla de oro que en su honor se exponía, sino que, apoyado en su lanza, soltó un discurso sobre lo poco que valían las riquezas cuando otros -es decir, los romanos- decidían su destino, se negó a lavarse las manos, repartió a su escolta algo de comer, reclamó a la novia, la subió a la grupa de su caballo y partió sin despedirse hacia su guarida en las montañas. Reconózcase la plasticidad de la estampa. Pero su majeza incluía no poca crueldad. Años más tarde, cuando Astipas era voluntario rehén de los romanos, lo reclamó y le cortó el cuello. Es el protomártir de los suegros hispanos.Viriato pudo nacer en la Sierra de la Estrella, al norte de la Lusitania, que se extendía por la mitad de lo que ahora es Portugal y las tierras limítrofes entre Zamora y Badajoz. Estrabón tenía a los lusitanos por la nación más poderosa entre las ibéricas, pero indudablemente no era la más próspera. El bandidismo endémico muestra una clara dependencia del pillaje como modo de mantenimiento, así como escasez de tierras fértiles para una población que no se bastaba con el pastoreo y recurría a la guerra para alimentarse. Los tributos que probablemente cobraban desde antiguo entre la población de los valles del Guadiana y Guadalquivir les llevaron al enfrentamiento con los romanos cuando éstos empezaron a repartir tierras de la Bética entre sus colonos, sobre todo tras la Segunda Guerra contra Cartago.Dos caudillos destacaron contra las legiones de Roma: Púnico, que murió en combate, y Césaro, que dominó toda la costa bética, y proyectó lo que luego sería el salto lusitano más audaz aunque sin consecuenccias: el paso del Estrecho. Pero la época heroica y decisiva de la entrecortada historia lusitana llegó cuando el pretor Galba, cuya codicia y crueldad lo precedían, consiguió reunir a los lusitanos alzados, dividirlos en tres grupos para hacerles entrega de tierras, desarmarlos y luego degollar a muchos de ellos y vender al resto como esclavos. Entre los que escaparon de la degollina estaba Viriato, que tras hacerse elegir jefe inició una brillante carrera militar de ocho años. No eran pocos cuando el promedio de edad apenas llegaba entonces a los 30 años.Cultivó Viriato tres cualidades básicas del guerrillero: el aprovechamiento sistemático del terreno para las emboscadas, la audacia para cambiar el escenario de los combates, gracias a la movilidad de sus tropas, y la capacidad de actuar muy lejos de sus bases de aprovisionamiento, lo cual suponía también mucha mano izquierda para lograr alianzas sobre la marcha y pactos de manutención sobre el terreno. La primera victoria de Viriato fue junto a la ciudad de Tríbola, al sureste del Guadalquivir, donde fingió una retirada que terminó en copo y destrucción de las tropas de Vetilio. Era el año 147 antes de Cristo. Batió entonces la Carpetania, combatiendo incansablemente hacia el Norte y el Este hasta tomar Segóbriga, ciudad clave de lo que hoy es aproximadamente Cuenca. Se retiró entonces al Monte de Venus, cabe la inaccesible fragosidad de Gredos, y desde allí se convirtió en el terror de la Hispania Citerior tras haber dominado la ulterior. Plancio, Unimanio y Nigidio sucedieron a Vetilio en la lista de víctimas viriatenses.Comienza entonces una lenta e implacable reconquista romana de los territorios perdidos. La liquidación de la guerra de Cartago permitió al Senado allegar más hombres y recursos para luchar contra los insoportables lusitanos, que exhibían además una gran capacidad diplomática con diversas tribus ibéricas como los vettones y otros feroces vecinos. El mérito suele atribuírsele a Viriato, aunque el enemigo común había levado a las tribus peninsulares a una especie de confederación político-militar nada desdeñable.Lo que no podía el guerrero del Monte de Venus era hacer milagros. En el año 144 a.d.C. los romanos recuperaron el control del valle del Guadalquivir. Algunos historiadores creen que Quinto Fabio Máximo derrotó a Viriato en Bailén, si era ése el lugar de Baecula. Otros lo sitúan en los Arapiles, así que no salimos de la imprecisión evocadora de tantos combates peninsulares trascendentes, siempre en los mismos sitios.Tras la derrota ante Fabio Máximo, el caudillo lusitano se refugió en Sierra Morena, faltaría más, y desde allí hizo frente a la gran expedición de Serviliano y unos 20.000 soldados. Viriato consiguió batir a las legiones en una sorda guerra de desgaste y mantener hasta el año 142 sus posiciones en torno a lo que hoy es Martos (Jaén), entonces llamado Tucci. Pero Serviliano y Fabio Máximo fueron privándole de sus bases de apoyo y en el 140 tuvo que retirarse a Lusitania. Consiguió rehacerse, que es el sino de todos los grandes generales antes de la derrota definitiva, y vengarse de Serviliano en el campo de batalla. Pero tras la victoria se avino a firmar la paz y ésa fue su ruina.En una de las diversas treguas que acordaban sin convicción ambas partes desde el año 140 a.d.C., Viriato mató a su suegro, miembro de la clase dirigente lusitana que tal vez había decidido ya el pacto con los romanos. Y finalmente, en el 139 a.d.C., pudo recibir la oferta de ser rey de una Lusitania independiente y aliada de Roma. O tal vez la propuesta fue suya y los romanos fingieron aceptarla; sobre eso no hay acuerdo.El hecho es que tres de sus enviados, Ditalcón, Audax y Minuro, volvieron del campamento romano con más oro del que llevaban y se lo ganaron apuñalando a Viriato. Cuenta la leyenda que, muerto el héroe, los asesinos volvieron a por lo suyo y los romanos, avarientos, le respondieron: «Roma no paga traidores». La frase es notable pero apócrifa. Los lusitanos no se metían en magnicidios gratis.Muerto Viriato, sus guerreros le rindieron homenaje cantando himnos, degollando animales y combatiendo por parejas sobre su tumba, fórmula del entierro de primera en aquellos siglos tremendos. Una vez quemado su cadáver en la pira ritual, aventadas sus cenizas y apagado el gran fuego nocturno, los lusitanos no encontraron -tal vez por no quererlo buscar- sucesor para Viriato y fueron entrando en la órbita romana.Abrían así el camino para la inmediata dominación de los celtíberos de la meseta septentrional, clave estratégica de la península y cuyo último foco de resistencia fue Numancia, que se rindió, en términos menos heroicos de los que cuenta la leyenda, apenas cinco años después de la muerte de Viriato. Por eso puede decirse que con él se extinguió la antigua Iberia y que Hispania, aunque algo chamuscada, entró definitivamente en la Historia. A golpes, sin duda. Pero entró, entró.

HEROES CELTAS: COROCCOTA


Son pocas las fuentes de historiadores antiguos que sobre las Guerras Cántabras nos han llegado y solo uno de éstos historiadores, Dión Casio, nos ha hablado sobre Corocotta.
La Guerra Cántabra como tal comenzó en el año 29 a.C. y duró diez años, hasta el 19 a.C.
Fue para los romanos un enfrentamiento molesto y peligroso. Algunos hechos aparecían ya como inquietantes. En el sur de las Galias, habían tenido lugar sublevaciones de indígenas. Roma no podía mirar impasible estos acontecimientos ni por su prestigio ni por la tranquilidad de sus provincias. Y es el propio emperador Augusto quién dirige, durante dos años, el 26 y el 25 aC., al ejército romano. Dos años infructuosos en los que no logra sus propósitos de triunfo. El frente de guerra incluyó también la zona astur y galaica, ya enteramente sometidos, y pese a ser el frente de Cantabria el más reducido, fue el que más problemas le enfrentó y es por ello que el propio emperador se pone al frente del ejercito, ejercito nada desdeñable ya que, según calcula Adolf Schulten, especialista en la historia de Cantabria, estaba compuesta de siete legiones y de tropas diversas que sumaban alrededor de los setenta mil hombres.
Parece inexplicable que un pueblo, como el cántabro, dividido en tribus, sin unidad política de ningún tipo, pudiera hacer frente a un ejercito organizado.
No se tienen constancia de que existiera un régimen superior capaz de coordinar entre sí las tribus y de dirigir los destinos políticos del pueblo Cántabro. Sin embargo, y como cuenta Schulten: "En la lucha contra Roma, parece que tomaban parte todos los cántabros, que entonces tuvieron un jefe, Corocotta". Esta jefatura, parece ser que solo era asumida en tiempos de guerra porque en tiempos de paz, los cántabros nunca formaban una entidad política y menos bajo la dominación de Roma.
Los cántabros ejecutaban guerra de guerrillas forzando a los ejércitos romanos a una máxima actividad pese a lo cual no lograron vencer la tenaz resistencia de los cántabros. Guerra de guerrillas sobre un terreno que conocían perfectamente y les era propicio. Combatían en rápidas y sorpresivas incursiones, con emboscadas y ataques de gran movilidad y sorpresa que causaban grandes daños a las tropas romanas.
Augusto se vio forzado a poner precio al caudillo principal de los beligerantes cántabros: Cocorotta. Dión Cassio cuenta "Irritóse tanto Augusto al principio contra un tal Corocotta, bandolero español muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de doscientos cincuenta mil sextercios a quien lo apresase"
No se sabe con certeza, se trata solo de una sospecha, que Corocotta fuese cántabro. Pero el hecho de hablar de él durante la guerra de Roma en Iberia, siendo en aquella época la única guerra en España la del Norte, se supone que fue durante las Guerras Cántabras. No obstante, se ignora si el caudillo pertenecía a los cántabros, los más destacados entre los enemigos de Roma, o si era astur ya que este pueblo también participó en la guerras, si bien las crónicas referentes a la presencia del emperador Augusto en la guerra suelen referirse al frente propiamente cántabro, que fue donde actuó personalmente el emperador romano.
Y el mérito de Corocotta está en que bajo su mando se unieron unos clanes sin conciencia de unidad superior, de nacionalidad. Se levantaron al mismo tiempo todas las tribus de Cantabria. Y fue bajo su mando el que fuera Cantabria y no otros pueblos limítrofes, los que constituyeron una infranqueable barrera que, durante diez años, mantuvo a los ejércitos de Roma sin dominar su territorio, obligando a la presencia del propio emperador en su intento frustrado de finalizar la conquista de España. Y fueron estos años no de una continuada guerra, sino que después de una derrota, repuestos con un tiempo de paz o de sumisión , volvían, todos a una, a sublevarse. Y cada dos años volvía a unir a todas sus clanes a enfrentarse al ejercito romano. Y Roma tuvo que enviar a dominar a los sublevados a sus más importantes generales.
No se conocen claramente los límites que abarcaba el mando de Corocotta ni cuando ni como murió, pero, y pese a que los romanos le citan sólo con el nombre de bandido, según era costumbre llamar a los caudillos iberos, y por la forma de hablar de él y el alto precio que pusieron a su cabeza, hacen suponer que no se trataba de un vulgar jefe de tribu, sino más bien de un caudillo, al estilo de Viriato o Vercingetorix.
En cuanto a la comentada recompensa que Augusto ofreció por su cabeza de 250.000 sextercios, cuenta Dión Cassio, que solo hubo un hombre capaz de presentarse a cobrarlo y no fue otro que el mismo Corocotta, que al parecer se presentó espontáneamente al emperador reclamando el pago y este, admirado ante el valor del guerrero, no solo no le hizo ningún daño, sino que además le regaló aquella suma.

CREENCIAS CELTAS: EL CALDERO


El caldero es un elemento simbólico de gran importancia entre la tradición celta el gran caldero que suministra de forma inagotable hidromiel, cerveza y carne de cerdo aparece en la literatura irlandesa en las descripciones de los festines celebrados en el mas allá , en el relato “ Mala batalla de ith tuiried," el dios Dagda posee un caldero con el que nadie se siente insatisfecho, en la tradición Galesa el caldero es un símbolo funerario , el caldero tiene el poder de resucitar a los muertos, en la época del bronce final se usaban los calderos como elementos rituales se han hallado calderos gigantes de capacidades enormes de hasta cuatrocientos litros.se cree que el mito del grial, es una cristanizacion del mito celta del caldero sagrado.

NOVELA HISTORICA SOBRE LOS CELTAS: MIS FAVORITOS






La literatura histórica tiene en los celtas, un gran filón, Morgan LLwelyn escribió allá a principios de los 90 un libro titulado, “EL druida”, narrando los últimos días de la cultura gala con la llegada de Roma, el libro adolece de cierto desenfado y rigor histórico, pero capta de una forma muy emotiva el sentir de los personajes celtas, esa espiritualidad celtica contra el materialismo Romano, del mismo autor recomiendo la bellísima “Bardo” , una epopeya sobre la llegada de los hijos de Mile A Irlanda desde Galicia, con el bardo Armergin como protagonista, la novela nos retrata esa honda espiritualidad celta como solo Morgan lLwelyn sabe trasmitir.
Una entretenida novela ambientada entre los celtiberos es “ Las lanzas rotas", del Español, León arsenal , fallida y floja la novela “Numancia” de José Luis Corral, se pierde en divagaciones y es demasiado larga, mas entretenida y mejor narrada es “ La voz de Lug” de la escritora vasca Toti Martínez , que narra el enfrentamiento de Astures y Cantabros contra Roma , con personajes muy profundos y cierta crudeza esta novela conmueve y retrata la barbarie y el genocidio que los romanos cometieron con estos pueblos. Sobre el caudillo cantabro Coroccotta, recomiendo el libro “El último soldurio” que a pesar de ciertas imprecisiones historicas es muy entretenido.
Sobre los fianna se escribió la novela “Una leyenda celta “de julianne Osborne, una entretenida novela sobre la mítica cofradía guerrera irlandesa, floja es “El druida del cesar” del Frances Max gallo, parece más una novela picaresca que histórica, y recomiendo el recorrido magistral y divertido que el gallego Suso Del toro hace sobre el mundo celta en “El pueblo de la niebla”, tambien es recomendable la aproximacion del portugues Joao Aguilar en " VIriato" a la figura del mitico caudillo lusitano.

CREENCIAS CELTAS:EL DIOS HERRERO GOIBNIU


El dios herrero Goibniu forma parte de los Tuatha de danann , pertenece a una triada de dioses artesanos junto a Craidné, el broncista, y Luchtine el carpintero, en el relato conocido como ,“ la segunda batalla de Magh Tuired” ;Goibniu forja continuamente lanzas para los Tuatha con solo tres golpes mientras el dios broncista pone los remaches y el carpintero las astas.Goibnu es también el responsable del festín que se celebra en el mas allá en el reino de Manannan donde los elegidos rejuvenecen bebiendo la cerveza del dios Herrero. En el siglo VIII, un monje irlandés, recogió el encantamiento para conservar la mantequilla en el se nombra tres veces al dios herrero, es posible que para los irlandeses de esa época el Goibniu , pagano se convirtiera en una deidad relacionada con los alimentos y la cocina, la tradición cristiana convirtió a Goibniu en el carpintero Gobban Sae constructor de diversos templos y una capilla en medio del bosque para los galeses Goibniu es Gwydyon y Govannon